Destino
Pues, sí. Me encontraba nervioso. Estaba esperando la visita de un importante empresario, que había mostrado interés por mi rebaño. El hombre era puntual. El calor...insoportable.
De repente; un griterío...una convulsión.
"Señor, señor,venga a ver"
Qué voy a ver, grité con molestia.
"Es el nuevo profeta; el que llaman Jesús"
Y a mí ¿Qué me importa?
" Hace milagros, señor"
!Bah¡. No me interesa. Avisa cuando llegué el empresario.
Es una manía de nuestro pueblo que se pierde en el tiempo. Los Profetas. Todos creen que vendrá alguien a resolver nuestros problemas: la luz, el agua, el colegio, el servicio, las facturas de teléfono, aseo, y ¡ah! lo olvidaba; liberarnos del yugo romano.
Yo, con los romanos me siento bien. La gente me mira con rabia. Pero es muy sencillo. No hay profeta que valga. Solo trabajo, trabajo y más trabajo. Esos son los elementos que nos salvarán. Los romanos me permiten trabajar. No intervienen en nuestra religión. Y solo piden que paguemos los impuestos. Nada nuevo desde los egipcios, asirios, babilonios, mesopotámicos, y un largo etc.
"Señor, señor, tiene que venir"
Pero muchacho del carajo: ya te dije:!! NO ME INTERESA¡¡
"Es que va a curar a Salomón"
Sentí curiosidad. Salomón era un loco que los ignorantes afirmaban estaba poseído por el diablo. Yo pienso que es una trampa o ardid del pobre hombre para no trabajar. Pero de cualquier forma, voy a ver; me dije
Todo el pueblo estaba allí. El tal Jesús no se destacaba por su estatura o vestimenta. Casi un pordiosero de tez quemada por el sol. Un profeta más del montón. En ese preciso instante imprecaba a Salomón.
"Quién eres", le preguntaba, a quién a duras penas en su violenta rabia era contenido por 10 hombres.
No soy, contestó una voz cavernosa que ha todos llenó de espanto. Somos legión aquí adentro. Este hombre es nuestro, aulló la voz tenebrosa
"Pues yo, demandó Jesús, te ordeno que salgas de inmediato en el nombre de Dios"
Al momento, y en medio de terribles aullidos, una nube espesa y nauseabunda salio por la boca de Salomón que de inmediato y como centella, se introdujo en los cuerpos de una piara de cerdos que estaba en el lugar!! Los pobres animales, atormentados por infernales dolores, se precipitaron al mar desde un altísimo barranco.
Todos quedaron maravillados. Felicitaban a Salomón y alababan al profeta. Todos menos yo. Me cuentan cuentan que lanzaba alaridos más espantosos que Salomón o los mismos puercos También cuentan que rasgué mis vestiduras y corrí con cara de loco, por todos lados. La gente pensaba que estaba poseído hasta que me desmayé
Lo que olvidé contar es que la piara de cerdos que Jesús precipitó al mar ERA MÏAAAAA!!!
Cuando recobré el conocimiento, busqué hablar con el profeta. Tenía que resarcirme el precio de mis animales. Pero el hombre ni se enteró de mi existencia. Tenia una mirada perdida, como si no fuera de este mundo. La típica mirada del adicto a la cocaína. En vista de la perdida de tiempo,opté por hablar con Judas. Era el discípulo encargado de las finananzas. Se veía que era hombre de empresa. Le gustaba al dinero. Me dio la impresión que vendería a su madre por dinero.
Judas se quejó que estaban quebrados. "El maestro - mesías" se la pasaba haciendo milagros que les habían generado múltiples demandas. En Canaan, cuando se acabó el wiski, en un matrimonio, hizo aparecer 40 cajas de 18 años. De la pea que agarraron los invitados, acabaron con la sala de fiesta. No contentos con esto, salieron al pueblo improvisando guarimbas y causando destrozos. Los romanos se vieron obligados a emplear sus topas motorizadas acabando con el pueblo.
En un sitio llamado la montaña, el mesías hizo aparecer montón de pescado para alimentar a la multitud (5000 dicen los discípulos; 1000 según la policía) Los desperdicios que dejó la multitud, atrajeron moscas, roedores y carroñeros al lugar. Pronto de desató un epidemia que recorrió el mundo plano conocido.
Todos esos acontecimientos y otros más, habían vaciado las arcas del los discípulos debido a la lluvia de demandas. En tono de confidencia, Judas, me confesó, que se estaba incoando un proceso por cobro de deudas de parte del sanedrín.
Abrumado y arruinado, me vi obligado a convertirme en asaltante de camino. De ello vivía. Luego comenzó la leyenda, señor magistrado: que sí violaba, que sí mataba, que era el cerebro de una revuelta contra ustedes los romanos. El colmo fue cuando cambiaron mi nombre. Ya nadie recuerda que fui un prospero comerciante. Ahora todos me llaman Barrabas
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